Hay un mejor mañana

Abril 11, 2017

“La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera —dice el SEÑOR de los ejércitos” y en este lugar daré paz —declara el SEÑOR de los ejércitos. Hageo 2:9

¿En algún momento te has sentido desalentada por la insignificante labor que te ha tocado hacer en el Reino de Dios? Trabajas y trabajas pero todo lo que haces se queda en las sombras, no hay nada glorioso en lo que haces.

Eso era justo lo que sucedía con el pueblo de Dios después de que pasaron cincuenta años en el exilio. Después de tanto sufrimiento, ellos por fin volvieron a casa, la ciudad estaba saqueada y el templo destruido, solo tenían recuerdos rotos de quien es Su Dios y grandes dudas de poder recuperar aquel esplendor que había en la casa de Dios.

Ahí donde ellos experimentaron la gloria de Dios se había convertido en cenizas. Sus corazones estaban cargados y carentes de esperanza. ¿Para qué poner manos a la obra si nunca podrán recuperar la gloria de la construcción pasada?

Han pasado tantos años desde los tiempos de Hageo pero lo mismo que había en el corazón de su gente es lo que muchas veces carga tu corazón y el mío. No tenemos que irnos al exilio para correr el peligro de olvidar quiénes somos y fijar nuestros ojos en la polvorienta y ordinaria obra que tenemos en las manos.

Hoy en día el pueblo de Dios sigue corriendo con el mismo riesgo, cuando una madre agotada pierde la esperanza de ver a Dios obrar en sus hijos porque sólo ve su pequeña muralla de influencia, o cuando una mujer soltera se desanima y se enfoca en lo difícil de edificar un testimonio de pureza. ¿Cuál es tu pequeña obra? Todos los días nos golpea el desánimo y podemos caer en la trampa de conformarnos con lo que está frente a nuestra vista.

Solo vemos ruinas, pecado, insuficiencia y nos abrumamos al pensar si algún día nuestra pequeña labor dará algún fruto. Y es justamente en ese estado que las Palabras de Dios por medio del profeta Hageo: “La gloria postrera será mayor que la primera”, hacen un eco a las palabras de nuestro Salvador”. “ Destruid este templo, y en tres días lo levantaré..” 1

El día en que Cristo se levantó de los muertos nuestro templo fue reedificado para siempre, y mientras los hebreos tenían su esperanza en su futura edificación, hoy nosotras la encontramos en nuestro Templo viviente. Su obra hace toda la diferencia, le da un valor eterno a cualquiera que sea la tarea que tengas por delante.

Así que la próxima vez que te veas tentada al desánimo recuerda que tus manos están trabajando para la eternidad, recuerda que toda tu esperanza está en la gloria venidera. Podemos servir confiadas en que nuestro trabajo, por mínimo que sea, traerá fruto porque Cristo es quien edifica su iglesia, es Su obra. ¡No temas! Sólo sé fiel poniendo el peldaño que te toca.

Quizás ahora no veas la relevancia de lo que haces, pero cuando estemos entremos en gloria podrás ver el fruto de tu labor.

¡Nuestro presente Salvador y nuestra esperanza futura es lo único que necesitamos para poner manos a la obra!

Juan 2:19

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