¿Cómo mato el pecado que hay en mí?

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El día en que recibiste la fe para creer en Cristo para salvación experimentaste dolor en tu alma por haber ofendido a Dios, te arrepentiste de tus pecados y comenzaste a caminar en otra dirección, hacia un camino de santidad.

-¡Finalmente soy libre de todo lo que me ataba! - dijiste, y con un corazón lleno de gozo iniciaste la vida cristiana.

Otra vez llegaron pensamientos llenos de maldad, tu corazón volvió a sentir celos y envidia. Te asustaste y dijiste - ¡Todo estará bien, no volverá a pasar!-

No pasó mucho tiempo y ahí te encontrabas luchando con el mismo pecado del cual te habías sentido tan libre.

-¿Qué pasó? No lo entiendo... ahora soy cristiana, ¿por qué volví a pecar?.- pensaste…

Sentiste convicción de pecado, lo odiaste, quisiste matarlo y deshacerlo de una vez y para siempre.

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¿Te sientes identificada?

Hay algunas verdades que quiero compartir contigo si alguna vez esto ha pasado por tu mente.

Eres libre

Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Romanos 8:36

Antes de Cristo estabas atada y gobernada por el pecado y ahora tienes libertad de agradar a Dios.

Tienes una nueva naturaleza

Por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4

Cada parte de tu ser ha sido afectada por el pecado, tus deseos, tus emociones, tu mente y tu cuerpo. PERO cuando Cristo te salvó te concedió una nueva naturaleza con la que puedes caminar en santidad delante de Dios.

Por medio del Espíritu Santo ahora es posible hacer morir el pecado

Porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Romanos 8:13

En el pasado vivías conforme a tus deseos carnales, ahora a través de la obra del Espíritu Santo en tu vida tienes la habilidad de vivir en obediencia a Dios haciendo morir el pecado en tu vida. Recuerda ya eres libre del poder y del dominio del pecado.

Dios nos ha dado su Espíritu Santo y una naturaleza nueva para que tengamos los medios necesarios para oponernos al pecado y sus deseos malvados 1

Tu naturaleza pecadora desaparecerá cuando estemos en gloria

Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mí. Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Romanos 7: 21-25

Mientras estemos vivos, los restos del pecado vivirán en nosotros. 2

¿Qué sí puedes hacer?

En este lado de la eternidad no puedes hacer nada para eliminar completamente los rastros del pecado en tu vida, pero hay algo que sí puedes hacer:

Ríndete a Cristo

Reconoce que sólo a través de lo que él hizo por ti, puedes recibir el beneficio de crecer en santidad.

Descansa en Su obra en la cruz por ti

Reconoce que el sacrificio de Cristo es suficiente para tu libertad. Ya no tienes que añadirle nada a lo que Cristo ya hizo. Tu obediencia es el fruto de entender lo que sólo Cristo pudo ganar en el Calvario.

Abraza Su gracia

Reconoce que Sus brazos están abiertos para socorrerte cuando hayas pecado, el pecado no te define. Puedes confiar que cuando el Padre te ve, mira la vida perfecta de Cristo.

Debilita el pecado en tu vida mientras creces en tu relación con Cristo

Dios nos ha dado su Espíritu Santo y una naturaleza nueva para que tengamos los medios necesarios para oponernos al pecado y sus deseos malvados.3

Confía en la obra de santificación del Espíritu

En el momento en que fuiste salvada por Cristo una obra de santificación inició en tu vida y tienes la garantía de que se completará.

¿Si quieres leer un poco más al respecto? Te recomiendo leer "La mortificación del pecado" por John Owen.

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1,2,3 La Mortificación del pecado por John Owen